una mañana del mes de febrero de 2009 decidí salir a tomar fotografías del mundo de las murallas Santiaguinas, hace días pensaba deambular por Santa Isabel, San Ignacio, San Diego ... pues bien la elección finalmente fué: Parque Almagro, allí encontramos murallas extensas decoradas ¡tal vez en julio todo éste cambiado! ... nuevos colores, nuevas formas..., pero en ese entonces lo encontré a él, al mundo gris de la ceguera desolada, a las tierras muertas de nebulosas calles desiertas, donde las flechas del vacío atraviesan las puertas del alma humana. Ahí habitaban las flores que se yergen como en el Desierto de Atacama ... necesitamos un milagro de amor para descubrir los ojos del lamento y vaciar nuestros desiertos. La guerra no necesita de tanques ni de balines para destruir, ni las flechas, ni las piedras se necesitan, basta un gesto o una palabra dicha o por decir para caminar al rumbo desconocido y florezca la turbulencia.
Todos luchamos a diario conbatiendo , la gracia es tomar una de esas flechas combatientes airosamente y sentir que triunfamos, largarnos a reir un instante de nosotros, de nuestros juegos, tomar una flecha y romperla, aunque tengamos flechas enterradas hasta en el alma, riamos una vez a carcajadas por nuestra soledad, aunque todo parezca nebuloso y sin vida, aunque miremos a nuestro lado y solo existan dos flores que nacen en la muerte.
Al observar una imagen e interpretarla podemos opinar según el contexto vivido, según la experiencia personal, uno puede ver, sentir y percibir algo de distintas maneras, tal vez lo que más arriba los dedos teclearon no sea más que una interpretación personal, pero está, existe al igual que lo escrito.
Detener un cuadro, una pintura, una canción, un escrito y conservarlo, aunque con el paso del tiempo la geografía o el paisaje cambien.









